Conociendo a Japón: EL ARTE EN LA CORTE

Para afirmar su poder, la corte y las familias nobles hicieron construir templos o ciudades religiosas, con una decoración extremadamente rica. En el Byōdō-in de Heiankyō, acondicionado por el ministro Minamoto no Toru en 1052, el conjunto de los edificios y, especialmente, el Pabellón del Fénix (Hōōdō) dedicada a Amida, se concibió para dar la impresión de una suntuosa belleza, adecuada a la descripción del Paraíso de la Tierra Pura que había hecho el monje Genshin (942-1017) en su obra Ojo Yōshū (Lo que es esencial para renacer en Tierra Pura), donde el mundo de ultratumba resulta de belleza tan perfecta que hace casi deseable la muerte. En el recinto del Hōōdō, el buda Amida, que mide más de dos metros, obra del escultor locho (hacia 1053), está por completo cubierto de oro. En el interior de esas esculturas, huecas y realizadas con un ensamblaje de piezas de madera, se han encontrado sufra pintados con oro sobre fondo azul oscuro, perlas finas y toda clase de valiosas piezas que constituyen el tesoro del templo.

VIVIR EN LA CORTE

Los aristócratas de la época Heian (de comienzos del siglo IX a finales del siglo XII) vivían en un universo armonioso y sofisticado. Las grandes salas de sus palacios estaban adornadas con pinturas de colores realzados con hojas de oro, que ofrecían un marco lujoso digno del entorno imperial.

El Byōdō-in, en Uji, cerca de Kioto, era en sus orígenes una villa perteneciente a la poderosa familia de los Fujiwara. El Hōōdoō o Pabellón del Fénix, construido adentrándose en un lago de formas irregulares y aguas sembradas de flore de loto, se transformó en monasterio hacia 1052, para albergar la célebre escultura de Amida Nyorai, el Salvador de la Tierra Pura del Oeste.

El Byōdō-in, en Uji, cerca de Kioto, era en sus orígenes una villa perteneciente a la poderosa familia de los Fujiwara. El Hōōdoō o Pabellón del Fénix, construido adentrándose en un lago de formas irregulares y aguas sembradas de flore de loto, se transformó en monasterio hacia 1052, para albergar la célebre escultura de Amida Nyorai, el Salvador de la Tierra Pura del Oeste.

Su vida estaba hecha de mil pequeñas naderías que, en el fastuoso contexto de la corte, adquirían considerable importancia: el juego de los perfumes y de las conchas, los concursos de poesía y de caligrafía, los juegos de pelota (kemari), los paseos para admirar las primeras flores, una lección de flauta, etc.

La etiqueta concedía un extremado valor a la estética. No existía sentimiento de futilidad alguno, sino, por lo contrario, una especie de melancolía ante el inestimable precio de los mínimos aspectos de un mundo frágil y efímero. Esa no permanencia era, en su origen, una noción búdica. La época Heian dio más valor a la estética que a la ética. Ni los conocimientos científicos a los que había llegado China, ni el trabajo sobre el comportamiento humano del budismo esotérico le son más familiares que la vida de todo un pueblo sometido a las hambrunas y a la miseria.

LA LENGUA Y LA ESCRITURA DE LAS MUJERES

Los caracteres kana concebidos por el monje Kukai son el origen de un imprevisible cambio cultural. Las mujeres de la aristocracia Heian, se apropiaron del lenguaje cotidiano y, por medio de la nueva escritura, compusieron textos que constituyeron las novelas fundadoras de la literatura japonesa.

Mientras los monjes, los diplomáticos, los científicos, por un deseo de elegancia, seguían expresándose en chino, era de mal tono que las mujeres utilizaran esa lengua. Ahora bien, habitantes inmóviles del palacio, prisioneras de la superposición de suntuosos quimonos tanto como de una rigurosa etiqueta, las  damas de la corte eran atentas observadoras de las idas y venidas de nobles y de servidores. Descifraban hábilmente las intrigas que veían desarrollarse ante sus ojos y las relataban en textos sembrados de sutiles y poéticas observaciones.

Única estatua de este tipo que sigue hoy intacta, este buda Amida, en posición de meditación, rodeado de bodhisattvas, es obra del escultor Jōchō que influyó en toda la escultura sacra de su época.

Única estatua de este tipo que sigue hoy intacta, este buda Amida, en posición de meditación, rodeado de bodhisattvas, es obra del escultor Jōchō que influyó en toda la escultura sacra de su época.

Entre finales del siglo x y el comienzo del XI, una de ellas, Murasaki Shikibu (La dama Murasaki) escribe el Genji monogatari (Romance de Genji ), crónica de la vida cotidiana y los amores del Príncipe Resplandeciente, basándose en los amores del príncipe heredero. Esta obra inmensa, construida en cincuenta y cuatro capítulos, es la obra maestra de la literatura japonesa. Muy pronto inspiraría a los pintores del Edokoro , una especie de academia bajo la dirección del Gobierno, que ilustraban sus escenas principales en rollos donde se sucedían caligrafía e imágenes, acompasando el relato que se lee ante la corte.

El Genjo monogatari fue objeto de numerosas reescrituras (Rinsho) por los copistas, la imagen corresponde al manuscrito original el cual se trazó siempre sobre papeles preciosos, realzados con toques de oro y de plata

El Genji monogatari fue objeto de numerosas reescrituras (Rinsho) por los copistas, la imagen corresponde al manuscrito original el cual se trazó siempre sobre papeles preciosos, realzados con toques de oro y de plata

Durante el siglo XI, otras damas siguieron el ejemplo de Murasaki Shikibu y escribieron Diarios de viaje, como Sarashina, o espirituales Notas de cabecera, como Sei Shónagon.

Las primeras pinturas inspiradas en el universo del Genji son un siglo posteriores al propio texto. Llamadas onna-e, pinturas hechas por mujeres fueron realizadas en la época Heian y, luego, en la del Renacimiento, en el siglo XVI. El retrato de una poetisa sentada ante su escritorio junto a una lámpara, evoca un pasaje del Genji:

Las primeras pinturas inspiradas en el universo del Genji son un siglo posteriores al propio texto. Llamadas onna-e, pinturas hechas por mujeres fueron realizadas en la época Heian y, luego, en la del Renacimiento, en el siglo XVI. El retrato de una poetisa sentada ante su escritorio junto a una lámpara, evoca un pasaje del Genji: “Inició con el príncipe una correspondencia, con mucha precaución y misterio; demasiado conocía Genji las fatales consecuencias de una indiscreción.

UNA CORTE HEDONISTA

Tras una redistribución de las funciones entre las distintas familias nobles, ordenada por el emperador Go-Ichijo, se desarrollaron facciones que aspiraban a la hegemonía. Entre ellas, los Fujiwara adquirieron con rapidez cierto ascendiente sobre la familia imperial, hasta el punto de dirigir los asuntos de Estado al mismo tiempo que la vida cultural. Transformaron la vida de la corte en un verdadero culto a la belleza.

Estuche decorado

Estuche decorado

A la corte de los Fujiwara acudieron artistas y artesanos. No se hacía distinción alguna entre ellos. Para satisfacer los gustos de sus comanditarios crearon motivos de preciosas sedas tejidas con hilos de oro y plata, y trabajaron con gran refinamiento la madera y el oro, incrustados a veces con nácar, para hacer cofres o bibliotecas con las esquinas de bronce cincelado. Las pinturas incluían a menudo naturalezas muertas, mezcladas con la composición, que nos informan sobre los lujosos objetos dedicados a la vida cotidiana: escribanías, instrumentos de música (biwa, koto…) decorados con lujo; espejos de bronce, biombos con el fondo de oro, etc.

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